No busques a una pareja que te haga feliz

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No busques a una pareja que te haga feliz


¿He captado tu atención con esta frase? Espero que sí. Pensarás que estoy jugando. No es así. Recuerdo que a mi asistente le di este consejo para ver su reacción y con una cara de sorpresa me pregunta: “¿y entonces para qué son las parejas?”

 

En verdad puedo afirmar que las personas que me visitan al consultorio a tratar sus problemas de pareja comparten esta creencia: “vivir en pareja me traerá felicidad”. En el centro del significado de esta frase radica el origen de su sufrimiento. ¿Por qué? Por la sencilla razón de que la felicidad no proviene de lo que otras personas nos hacen sentir.

Las personas, situaciones o logros nos pueden provocar emociones como alegría, euforia, placer o nos pueden poner contentos. Pero la felicidad es algo que se construye. En psicología se le llamaría rasgo de personalidad. Cuando estamos en el vientre materno no tenemos felicidad; ni cuando somos niños. De hecho, pocas personas logran ser felices. Esto se debe a que la felicidad es una forma de ser no una forma de estar. Cuando decimos que me siento feliz, más bien queremos dar a entender que estamos contentos. La felicidad es una forma de ser, de ver la vida, de ver las cosas desde un punto de vista optimista pero sin ser ingenuo ante los matices oscuros de la vida. De hecho, un requisito para ser feliz es poder apreciar el lado sombra de sí mismo, de la gente y del mundo. Naturalmente, la persona feliz sentirá frustración y dolor, pero los acepta, y al aceptar ambos se vuelve responsable y actúa; se ocupa, más de lo que se preocupa, y aquí entra en juego la libertad, que hace que tome decisiones con base en la realidad de las cosas y no con base en como desearía que fueran. Es precisamente esta libertad que tiene para elegir cómo mirar las cosas la que le hace aceptar las cosas como son. Y a partir de este observar puede decidir qué cambiar y qué mejorar, a sabiendas de que habrá cosas que podrá modificar y otras no. De aquí surge el respeto, y quien respeta ama.

No obstante lo anterior, la gente no anda por la vida tomando clases de cómo ser feliz, aunque cada vez esto ya se comienza a generar en cursos y talleres. Luego entonces, hemos arrastrado el paradigma de que conseguir una pareja que nos respete y que nos ame es lo mejor que podemos tener en la vida. Pero si mi pareja no sabe respetarse ni amarse cómo puedo siquiera pensar que va a poder amarme y respetarme. Es más, como podría yo notar que sí me está amando y respetando. Te pongo un ejemplo. Digamos que yo soy adicto al juego y me encanta, y mi pareja, por amor, me quiere sacar de mi adicción, de manera lógica voy a interpretar su acto de amor como una falta de respeto.

Hemos vivido bajo el paradigma que nos dice que primero debemos conseguir una pareja, hacernos novios, casarnos y luego tener hijos. Conozco varios casos en mi profesión que siguieron esta fórmula y no son felices, me puse a indagar en libros, en meditación y en mi propia psicoterapia la fórmula de felicidad. La encontré. Consiste en dos cosas: sanar heridas emocionales y servir a un propósito de vida basado en los talentos. En verdad te digo que muchas personas me han confiado que “tienen todo para ser felices” pero no lo son. Ellos han cometido el error de creer que todo es la familia perfecta, el empleo perfecto, la mujer o el hombre perfecto, los ingresos perfectos, los logros perfectos. Y no digo que estos bienes sean detestables, digo que la felicidad simplemente es aquella condición del ser humano, de sus células, de su bioquímica que está en concordia con la vida, con el universo, con los ciclos de la existencia; esto es, fluir, saber sortear la frustración y el enojo que produce el observar que las cosas no son como uno espera y entender que esa imperfección es la exacta que se necesita para entrar en un deseo de renovación.

Construye tu propia felicidad

Dicho lo anterior, ¿a poco no te van quedando ganas de intentar mejorar tu vida? Te escribo para invitarte, para inspirarte a que entiendas que la felicidad se construye de esta manera. Sana tus heridas. Encuentra cuáles son tus talentos, para qué eres bueno. En este último punto te recomiendo que leas obras de Howard Gardner, un científico que encontró que no sólo tenemos una sola inteligencia si no 8. No sólo me creas, intenta poner en práctica lo que te digo. Cuando esperas que tu pareja te haga feliz, sólo puedes esperar momentos padres, pero si tu mente no está programada para recibir y aceptar la dicha que estás teniendo, la sabotearás.

Hemos vivido engañados pensando que la misión de las personas es hacernos felices unas a las otras. He visto en mi práctica como psicoterapeuta que esto es falso. Por eso te digo, no busques a una pareja que te haga feliz, haz de ti una persona feliz. Sólo entonces atraerás a una pareja que también es feliz, porque atraemos a lo semejante. Y si dos personas son felices lo que harán es sumarse y no restarse, se compartirán sus felicidades, sin reclamos ni parasitismos.

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