Los beneficios de enojarse

Los beneficios de enojarse


Hoy que me siento a escribir este blog estoy enojado. Quizá te sorprendas. Mucha gente piensa que el enojo es una emoción tóxica, mala o pecaminosa. Es importante que entendamos que vivimos en un planeta dual, es decir, que es bipolar. No en vano el Kibalión menciona el principio de polaridad, el cual señala que en la vida todo tiene su opuesto o su extremo. Entonces, las emociones simplemente son. Admite esto, cuestiónalo, pero verás por ti mismo que las emociones han estado en nuestra existencia como vehículos para que evolucionemos como especie hacia la iluminación o al desarrollo personal.

Como psicólogo y psicoterapeuta te puedo decir el resultado que obtienen las personas que no logran expresar su enojo. A menudo sienten un nudo en la garganta, padecen sobrepeso, son tímidos, les cuesta poner límites, les cuesta decidir, les cuesta decir no, sufren a manos de personas que quieren aprovecharse de ellas, les da depresión, se sienten con fatiga y ganas de dormir; algunos otros son impuntuales y padecen confusión vocacional; les falta pasión.

Pero te decía que estaba enojado y nada de malo hay en ello. Al contrario, este enojo me pone en inspiración para contarte lo que hemos descubierto sobre el enojo a partir de numeroso casos atendidos.

Enojo y violencia

La gente piensa que enojarse es malo porque lo asocia con la violencia, la cual consiste en la intención de lastimar a otro mediante vías verbales, psicológicas o físicas. Por eso se declara como culpable a quien daña a otro con premeditación, alevosía y ventaja. El enojo es una emoción que surge en el tercer biogenerador (chakra), ubicado en el plexo solar, cerca de la columna vertebral. Este tercer biogenerador (tenemos siete) tiene la función de aportar energía para poder expresar fuerza interior, voluntad, coraje y toma de decisiones. Cuando este biogenerador está alterado en su velocidad (pues los biogeneradores son como motores o ventiladores), varios signos comienzan a aparecer; tales los he citado al inicio de este artículo. El enojo es una emoción que tiene la función de darnos un impulso para el cambio evolutivo; no existe evolución sin cambio, sin destrucción o, como dirían algunos otros terapeutas, deconstrucción. Pero suele haber confusión entre la violencia y el enojo. Recalco que el enojo es una emoción que invita a cambiar y llega como resultado de la desilusión, la decepción y la frustración de no haber obtenido lo que se deseaba, como un logro o un bien material. Estas emociones deberían ser usadas para motivar el cambio, el uso de nuevas estrategias para llegar a obtener lo que se desea, su equivalente o algo mejor. No obstante, el miedo aparece, el cual se asocia con la falta de fe y la falta de esperanza. El enojo se nubla con el miedo y entonces hay una colisión de emociones. Si la conciencia es baja y el ego es elevado, se buscará a un culpable, pudiendo ser la imagen de Dios, la vida, una pariente, un amigo, un enemigo, un extraño, no importa, el bajo nivel de consciencia nos hará creer que alguien es responsable directo de que no tengamos lo que deseamos, y esto es una gran engaño. Pero al creer esta falacia, dirigimos la energía de enojo hacia aquél que creemos responsable, y queremos que sufra lo que estamos sufriendo; es en este momento donde surge la violencia: en el deseo de que el otro sufra lo que estamos sufriendo. Más nótese que el enojo es sólo una emoción, uno decide si la emplea para motivarse o para destruir.

 

El enojo y los límites

El enojo suele activarse como una señal de que algo nos desagrada. En este sentido, muchos episodios de enojo deberían poder abrir nuestra consciencia; deberíamos aprender a entender que el enojo es una señal de que estamos obteniendo resultados que no nos gustan; y, si estamos obteniendo tales resultados, significa que algo no estamos haciendo del modo adecuado. Al final de cuentas, nosotros con nuestras grabaciones subconscientes contribuimos enormemente a atraer las circunstancias que nos suceden. Digo que a veces necesitamos llegar a un punto máximo de hartazgo para darnos cuenta de que algo no es ya de nuestra satisfacción y que debemos cambiar algo, pues sólo cuando conocemos la pobreza es cuando anhelamos la riqueza, cuando vivimos en guerra es cuando clamamos por paz, cuando vivimos en esclavitud rogamos por libertad. En otras palabras, el enojo es una fuerza que nos motiva a decir ¡Basta! El enojo nos da el poder para poner límites y decir “hasta aquí llegaste”, pero siempre con los debidos respetos hacia la integridad de la otra persona.

 

Enojo y hostilidad

Mas recuerda no car en la hostilidad. Claro está que si has llegado a niveles de hostilidad, no queda más remedio que aprender de tal experiencia. Pero es importante que aprendas a distinguir el enojo de la hostilidad. Ésta se forma cuando el enojo no lo has usado para impulsarte a una meta y se queda alojado en ti por más de una hora. La energía de enojo se va quedando estancada en tus células. Es energía no usada. El enojo, así, estancado va generando una especia de armadura para defendernos de posibles ataques o decepciones. Se dice, entonces, que comenzamos a ponernos a la defensiva y que reaccionamos no con armonía, sino como con ganas de que nos paguen todo lo que creemos que nos han hecho.

 

 

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *