El miedo al qué dirán

En una ocasión una maestra de la facultad de psicología nos contó un chiste.

– ¿Saben qué dice una mujer francesa a su pareja varón cuando acaban de tener relaciones sexuales?

– No.

– Le pregunta: “¿y qué otras posturas sabes hacer?”

¿Saben qué le pregunta una mujer estadounidense a su pareja cuando acaban de tener relaciones sexuales?

– No.

-Le pregunta: “¿Cómo me dijiste que te llamabas?”

¿Y saben qué le pregunta una mujer mexicana a su pareja varón cuando acaban de tener relaciones sexuales?

-No.

– Le pregunta: “¿Qué vas a pensar de mí?”

 

 

 

Mucha gente sufre y no cae en la cuenta de que un gran porcentaje de su sufrimiento es porque no está llevando la vida que desea. No está teniendo los ingresos que quiere, no tiene a la pareja que soñaba, no está realizando las locuras que se le antojan. ¿Por qué? Por el miedo al qué dirá la sociedad. Pero si lo analizas, la sociedad no habla. A quien verdaderamente podemos tener miedo es a la opinión de los padres, las amistades, los familiares y los contactos laborales. Piensa en que todos tienen miedo de la opinión de todos. ¡Qué necedad! Uno no hace lo que quiere por miedo a lo que el otro piense, y éste no hace lo que anhela por temor a lo que piense aquél. ¿Vas entendiendo lo absurdo de esta situación? De aquí se derivan los chismes y la alegría que sentimos cuando a otro ser humano le va “mal”, pues es una confirmación de nuestra creencia de que no debemos cruzar la línea que divide nuestra monotonía de la vida extraordinaria.

 

Complacer a otros

Se ha descubierto que desde que estamos en el vientre materno nos van “programando” para ser complacientes con mamá. Usted pregúntese: “¿quién me ha dado la vida?” y verá que su respuesta automática es mamá. Esto es falso. Si analizamos el sentido estricto de la frase dar la vida, entenderemos que la vida sigue siendo algo misterioso. Mamá es un ser biológico dentro del cual se ejecuta la concepción de manera azarosa, pues ella no gira instrucciones sobre cuando quedar embarazada. Debido a que al estar en el vientre nos sentimos a merced de las emociones y vivencias de mamá, desarrollamos la creencia de que “hay que quedar bien con ella”, pues es la “dadora” de vida y también la que la puede quitar. Es en este preciso momento que desarrollamos la creencia de que es “bueno ser complacientes” con mamá para que nos siga autorizando permanecer con vida; si acaso llegara a molestarse con nosotros cabe la fantasiosa posibilidad de que nos rechace y nos destruya. Esta creencia pasa al subconsciente y se vuelve parte del repertorio de cómo vivir la vida; se convierte en un paradigma incuestionable porque es tan común a los seres humanos que se vuelve normal, y lo que es visto como normal se toma como algo que llega a ser funcional.

 

 

Saber decir no

Cuando la gente se estresa y viene a verme al consultorio porque no es feliz al 100 % es cuando me doy cuenta que el factor común es que no saben decirse a sí mismos SÍ, ME LO MEREZCO, y al mismo tiempo no saben decir NO. Me narra le gente que si les invitan a una fiesta, no pueden decir NO; que si les piden descuento en sus honorarios, no saben decir NO; que si les piden la prueba del amor, les cuesta decir NO; que si les ofrecen un tercer trabajo a bajo sueldo, no saben decir NO; que si les piden prestado dinero, no saben decir NO; quieren independizarse de sus padres y no pueden decirles NO. Se incrementa el miedo al “qué dirán” los padres, amigos, clientes, pareja si nos atrevemos a decir NO. El miedo al qué dirán se acompaña del miedo a que digan de nosotros que somos malas personas, egoístas, egocéntricas y demás calificativos despectivos. Deseamos tener una opinión favorable de nosotros que no nos atrevemos a llevar la contraria aunque por dentro nos esté llevando la rebeldía. Lo ideal es aprender a tomar más en cuenta el dictamen de nuestro corazón, pues ahí residen los sueños, los anhelos y los talentos, aquello que al desplegarse nos dará la respuesta al para qué venimos a este mundo. Pero, claro, en un mundo tan bombardeado por las tradiciones de cómo debemos portarnos, muy pocos se atreven a escuchar a su corazón.

 

 

Me enojo si no me complacen

Y es que si uno mismo se enoja cuando la pareja, los hijos, los padres o los amigos no hacen lo que les pedimos, con toda razón nuestra mente va a pensar que ellos se van a enojar con nosotros si no les complacemos. Además, guardamos en nuestra mente subconsciente las veces que nos daban de chancletazos o cinturonazos cuando desobedecíamos alguna instrucción de papá o mamá. Así que se vuelve un círculo vicioso donde muchos complacen a otros por miedo a que digan que somos unos culeros, egoístas, malagradecidos, chantajistas, manipuladores, interesados y convenencieros si no lo hacemos. De este modo, vamos cayendo en una sociedad que respeta de dientes para afuera, pero que en el fondo almacena estrés, enojo e ira reprimida hacia los propios seres queridos.

 

 

Qué hacer

Yo te invito a que reflexiones si quieres seguir viviendo así. Saber decir NO cuando es NO y saber decir SÍ cuando es SÍ es una de las mayores evidencias de la madurez emocional que te permite ser libre. Te van a criticar, sí; pero debes entender que el rechazo es parte del proceso de encaminarse al éxito. Por eso muchos desean el éxito pero pocos se preparan mentalmente para transitar su camino. Hay una diferencia entre sobrevivir y vivir. Hoy por hoy existen cursos, talleres, libros y procesos psicoterapéuticos para sanar heridas de la infancia y reprogramar nuestra forma de pensar.

Un comentario en “El miedo al qué dirán

  1. Hay alguna prueba de que en el vientre materno en realidad aprendemos a ser egoístas, es por eso que nos creemos tan importantes que la opinión de otros, en nuestra mente, porque sólo ahí ocurre, nos afecta tanto, al punto del sufrimiento.

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