El arte en el manejo de la frustración y la decepción

Es impresionante la cantidad de enojo que una persona puede tener. El enojo es una emoción poderosa. No es negativa, como muchos pudieran pensar, simplemente es el resultado de la frustración. Los seres humanos nos ilusionamos. Eso es normal. Necesitamos de las ilusiones para visualizar lo que queremos y poder descartar lo que no queremos en nuestra vida. No obstante, debido a que no siempre obtenemos lo que queremos en nuestras profundas ilusiones, nos decepcionamos y nos frustramos.

De la decepción a la frustración

Para mí entender, la decepción es una emoción inmediata que surge de la percepción de no haber obtenido el resultado que anhelábamos. Pero nos produce un dolor muy agudo, espantoso, que no nos han enseñado a manejar en ninguna escuela, en ninguna religión, entonces surge una segunda emoción: la frustración. Ésta lleva matices de enojo. El enojo es una defensa contra el dolor y miedo a no poder conseguir lo que anhelamos. Pues, nos han enseñado a ilusionarnos con cosas como las cartas a Santa Claus o a los Reyes Magos o, bien, con peticiones a Dios, a los santos o a la misma santa muerte. Pero no nos han enseñado cómo manejar la decepción ni la frustración. Decía arriba que de la decepción pasamos a la frustración, y de ésta surge el enojo. Y aquí mucha gente se “estaciona”; mucha gente pone su “casa de campaña”, como diría mi maestro de Kung fu, y se queda a mirar la vida. Al preguntar a personas que tienen enojo crónico el por qué han decidido el enojo como forma de encarar la vida me dicen: “es que me protege del dolor y me da fuerzas para no derrumbarme”.

El fracaso no es malo

Con el paso de los años y de las incontables frustraciones, una persona promedio acaba por bloquear su capacidad creativa, su capacidad de ilusionarse; entonces entra a vivir en modo zombie: con un hambre insaciable por la gloria y el éxito pero con tan poca vitalidad para alcanzarlos. Piensa que la vida es un desmadre y no una perfección. Si así lo haces la disfrutarás y entonces la verás como un juego, y eso sí será maravilloso e imperfectamente perfecto. La neurosis proviene de tener la necesidad de querer un mundo perfecto, un cuerpo perfecto, economía perfecta y relaciones perfectas, pero sin trabajar para alcanzarlos. No pidas rosas si no estás dispuesto a espinarte. Espínate muchas veces, cáete cientos de veces, levántate otras cien veces más; intenta, emprende, fracasa, analiza los errores y vuelve a emprender. Nos han dicho que el fracaso es malo; nos han educado bajo un sistema educativo que premia las tareas con calificaciones, lo que ocasiona que los alumnos se valoren en términos de puntos y de comparaciones unos con otros. Recuerda que Howard Gardner ha encontrado cuando menos ocho tipos de inteligencias, lo que debe llevarnos a pensar que es inútil prepararnos en las aulas sólo en función de la inteligencia verbal y matemática.

Ilusiónate y trabaja en tu mente

Te he invitado a que fracases muchas veces. Te he invitado a que te sigas ilusionando, pues las ilusiones son la sustancia de nuestra capacidad creadora. Nunca nadie ha creado una idea sin haberse planteado una ilusión. Sueña con una casa ideal, sueña con una pareja ideal, sueña con una vida ideal, más no esperes que llegarán por sí solas. Necesitas trabajar en tu mente antes de trabajar en el mundo exterior. Comprende que tu mundo exterior es resultado de tu mente. De poco sirve soñar y crear en nuestra mente si nuestro subconsciente posee programaciones de escasez. Ilusiónate y trabaja en tu mente. Trabaja en tu sentido de merecer. Entiende que el camino tiene no obstáculos sino formas no satisfactorias. El arte de saber frustrarse y decepcionarse consiste en saber saborear el dolor del fracaso. ¿Cómo? Con fe. Con la certeza de que todo fracaso tiene su punto máximo de tolerancia para luego dispararse al éxito. Es importante que aprendas a bailar, a oscilar como el péndulo hasta que gradualmente te conviertas en maestro y en un verdadero artista que fluye y logra usar el principio del péndulo a su favor.

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