Depresión

Creo que mucha gente anda deprimida y no lo sabe. Tengo la leve impresión de que este padecimiento es  asociado por la gente con status o con cierto nivel intelectual. Lo que quiero decir es que creo que algunas personas piensan que la depresión es padecida por las clases sociales bajas y de nivel intelectual bajo. ¿Por qué tengo esta creencia? Porque a veces noto actitudes de algunas personas en torno a la depresión. Piensan que lo que padecen no es depresión porque “no tendrían razón para sentirse así”, pues tienen dinero y educación académica; luego entonces, los sentimientos asociados a la depresión son escondidos con aspectos materiales.

Qué es la depresión

La depresión la entiendo como una experiencia de sentir tristeza aguda y crónica, a tal grado que, a veces, ya no se le siente como tristeza. Está acompañada de un vacío existencial, de un sentimiento de no sentir afecto por parte de las personas, aunque haya familiares y amigos que muestran interés en uno. En la actualidad, noto como esta sensación llamada depresión se manifiesta cuando la gente siente el pesar de la llegada de los lunes y la desesperación por la llegada de los viernes. A otros les pasa que los domingos los viven con desolación, aburrimiento o una especie de “ahogamiento” emocional, donde no se alcanza a distinguir alguna actividad que apague esas sensaciones. Puede experimentarse ansiedad o desesperación por sentir que se está viviendo una vida que no sabe a nada.

Ocultamos la depresión

Esta experiencia depresiva es tan sofocante que hemos creado mecanismos para taparla. Por ejemplo, el uso de las redes sociales. Hay quienes tienen una vida real y otra que muestran al mundo virtual. Aclaro que esto no tiene nada de “malo” en sí, pues las redes sociales son también una forma de hacer marketing. Me refiero a los casos donde no hay un negocio montado a través de redes sociales y sólo se suben fotos con la finalidad de ganar popularidad. El grado de salud mental estaría determinado por el nivel de frustración, decepción o enojo que se genera a partir de no tener “likes” en cada publicación.

Otra forma de ocultar la depresión es a través de lo que comemos. Por ejemplo, la azúcar y la carne. Alguna vez escuché decir a un experto en nutrición que la adicción más fuerte es a la azúcar. Recordé que a un nivel psicológico la azúcar es al cuerpo como el afecto es a la psique; es decir, que los que usan mucho la azúcar es porque les falta afecto en sus vidas. En una ocasión, fui a un retiro de fin de semana en el cual realizamos seis comidas vegetarianas (dos desayunos, dos almuerzos y dos cenas) para desintoxicarnos, el resultado fue interesante, pues contacté emociones de vacío y depresión; confirmé lo que antes había estudiado: somos lo que comemos. Otro ejemplo de la comida como tapadera de la depresión es la carne. Sabemos que la carne es usada para tener proteína y obtener fuerza. Su consumo se asocia a la agresión (que no es lo mismo que la violencia). Nos ha pasado que tenemos necesidad de carne para sentir que obtendremos energía con destino a la realización de nuestras actividades demandantes. Al quitar el consumo de la carne, puede sobrevenir una ansiedad y, de nuevo, un vacío emocional.

Dependencias como sustitutos de la depresión

Igual ocurre que no nos percatamos de una depresión o, bien, no nos percatamos que somos proclives a ella porque tenemos “muletas emocionales”, es decir, algo en qué apoyarnos emocionalmente porque nos han enseñado que debemos tener a alguien que nos cuide. Por ejemplo, nos enseñan a encontrar una buena pareja que nos ame, que nos respete y que nos sea fiel; nos recomiendan tener hijos nobles y obedientes para que no nos abandonen en nuestra vejez; nos enseñan que tenemos que hacernos de un título profesional que respalde nuestro valor profesional; nos enseñan a usar marcas de prestigio que sustenten que poseemos cierto nivel adquisitivo; nos enseñan que debemos asistir a ciertos colegios y evitar otros de bajo perfil, y así, la lista de recomendaciones es larga, todas se encaminan a que tengamos un valor adquirido. Debido a esto no nos damos cuenta de la depresión que traemos dentro. Es por esto que cuando nos falta aquello que alegra nuestro existir nos sentimos desmoronar, nos sentimos que falta ese algo que daba sentido a nuestras vidas y, entonces, se dice que caemos en depresión. Si lo analizas, te has vuelto dependiente de aquello que crees te da felicidad. Si sigues analizando, ya eras tendiente a la depresión. Nuestro estado posee elevados índices de depresión y suicidio. Tal parece que nuestra sociedad maneja una doble cara, donde en la superficie se aparente ser algo que en el fondo no se es.

Origen de toda depresión

Si te das cuenta, líneas arriba te expliqué que nos enseñan a adquirir cosas tangibles e intangibles con la finalidad de asegurar la felicidad. Nadie les explicó a tus padres ni a tus abuelos, ni a tus ancestros el secreto de la felicidad. Aunque, déjame decirte que desde la antigüedad han existido sabios que han revelado tales secretos; pero bueno, fueron conocimientos que casi nadie adquirió. El punto ahora es que te afirmo que el origen de toda depresión es la falta de afecto. Sí, mira. La historia de tu vida comienza desde que estás en el vientre de tu madre, desde que eres concebido. Si tu madre y padre eran felices, transmitirán información vibratoria y genética a tus células de tal felicidad; si, además, eras esperado y te hablaban con amor, tus células se regocijarán de ese amor. Tu visión de la vida y de ti mismo será optimista, creerás en ti. Y aunque tengas obstáculos en la vida, tu sentido grabado celularmente de confianza en ti mismo hará que busques en ti los recursos para salir avante. Pero si, por el contrario, tus padres eran infelices, no eras esperado, te ignoraban o querían abortarte, ¿qué clase de fortaleza emocional crees que traerás al mundo? El rechazo que un ser humano siente proveniente de sus padres es devastador. La mente subconsciente comienza a registrar la creencia de que no vale la pena vivir; entonces se instaura la primera grabación del vacío existencial. Esto explica porque cuando sentimos que no nos buscan para salir, que no nos queda la ropa que nos encanta, que no tenemos muchas amistades, que no ganamos el suficiente dinero, que no tenemos la casa y la vida que soñamos, nuestro subconsciente registra que no somos amados por las personas o por la vida misma. El depresivo, inconscientemente culpa a la vida, a Dios, a sus amigos, a su pareja y a sí mismo por no recibir lo que cree merecer. Hay un doble mensaje: por un lado cree merecer lo bueno de la vida y, por eso reclama cuando no lo tiene, y, por el otro lado, no se siente merecedor de obtenerlo. Más bien, trae ese enojo hacia sus padres. Ha caído en la victimización. Su niño interior dice: “aquí voy a quedarme a esperar que la gente venga a rescatarme y a darme aquello que me corresponde”. Claro que este mecanismo es inconsciente. Tal vez te haya incomodado leer esto, pero nadie dijo que sería fácil. No basta que pongas música para que bailes, no basta que repitas frases positivas para ti. Esto ayuda pero no sana.

Qué hago con mi depresión

La estrategia que ha mostrado ser efectiva es la regresión al vientre materno. Practicarla te ayudará a recordar y revivir los momentos que fueron estructurando tu forma de sentir y de pensar sobre ti mismo, la vida y el mundo. Revivir tales momentos se vuelve necesario en cuanto a que se produce el efecto catártico, sentirás una liberación y purificación. Existen terapias para complementar esta técnica, por ejemplo, ayunar, limpieza de colon, baños con sales, masajes, leer libros de sanación, aromaterapia, musicoterapia, retiros espirituales, meditación, escribir diariamente la historia personal, grupos de 4to y 5to paso, etcétera. Tu psicólogo o psicoterapeuta debe ser un experto conocedor de diversas estrategias que se adecúen a tus necesidades emocionales y financieras.

 

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