AMOR Y LOS SECRETOS

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Yo sé que tú deseas amar. Deseas que te amen y deseas que te lo demuestren no sólo con palabras sino con hechos; estoy de acuerdo contigo. Pienso que el amor se demuestra con miradas a los ojos, con caricias, con actos, con detalles. Es válido expresar cómo nos gusta que nos amen tanto como preguntar a nuestra pareja cómo le gustaría que le demostráramos el amor. Esto lo sugiero porque se cree que el amor es adivinar las necesidades el otro. No hay que confundir la empatía con ser adivino. El amor maduro es sensible y puede, mediante la empatía, detectar algunos de los deseos y gustos de la pareja, pero eso no es razón suficiente para callar y esperar a que nos adivinen nuestras necesidades sin el esfuerzo que implica el pedir y expresar desde la asertividad la manera precisa de cómo nos gustan las cosas.

Abrirse al amor

Hoy te comparto lo que muchos sabios dicen: el amor es una energía que fluye y nutre. Pero para beneficiarse de ella es importante que tomes en cuenta que debes abrir tu corazón y tu mente. Es preciso que entiendas que el amor fluye en un circuito de dar y recibir. ¿Cómo es esto? Pues es el efecto bumerang, ley de causa y efecto o ley kármica, como desees llamarle. En la medida que das, recibirás. Esto debería quedarte muy claro. Lo que siembras, cosecharás. Por eso los sabios recomiendan dar sin medida, hasta que duela. Pero no creas que el amor duele. Más bien, lo que duele es el ego, el falso YO que hemos creado. Lo que duele es la sensación de quitarnos el ego capa por capa, pues tenemos la falsa creencia que seremos vulnerables si nos quitamos las máscaras.

Nuestro niño interior

De niños tuvimos experiencias que nos fueron lastimando. Básicamente, todos los niños han vivido frustraciones. Es normal. El mundo es perfecto y hermoso. Las frustraciones provienen de las expectativas que los niños tienen en relación a unos padres amorosos, que siempre estén ahí para brindar cuidado y apoyo. Pero como esto no ocurre en ningún caso, todos los seres humanos hemos guardado la experiencia dolorosa de haber sido lastimados mediante un incumplimiento de una necesidad afectiva. Entonces, creamos un mecanismo de defensa a la edad en la que recibimos tal herida; entonces decimos que nuestro niño está dañado o lastimado. En el Sistema Soul Symohonics le llamamos niño dormido, dando a entender que ha entrado en un sueño o una inconsciencia para no crecer y alejarse cada vez más de la realidad. El niño espera en el fondo de su corazón, el día en el cual encontrará a una persona que llene sus necesidades que han quedado encapsuladas. En la medida en la que un niño ha vivido el incumplimiento de sus padres, sucederá que se volverá inflexible, rígido, exigente, caprichoso.

Secretos que guardamos

He hablado sobre tener heridas en la infancia. Muchas de estas heridas no se hablan por lo vergonzosas que pudieran parecer. Pero ¿por qué las heridas suelen parecernos vergonzosas? Porque hay heridas que afrentan nuestra moral, nuestra dignidad humana. Por ejemplo, una violación o abuso sexual se vive con dolor y en secreto porque nos han enseñado que los genitales son una parte que debemos respetar ante los ojos de Dios. Ciertamente, la sexualidad es un aspecto humano personal, pero el hecho de llenar el tema de tabúes lo hace foco de culpas neuróticas. De este modo, una persona que ha sido abusada sexualmente y que ha traído una educación moralista no se repondrá de la misma manera que una persona con abuso sexual que ha sido educado desde una visión más abierta sobre el mundo de la sexualidad. Entonces, el sentimiento de vergüenza proviene de la percepción de ser malo y sucio, de haber podido ser cómplice, incluso de su propia herida. Debido a la vergüenza percibida en las propias heridas de la infancia, se decide atesorarlas en la mente subconsciente; se decide que esto ha de ser un secreto. Otras heridas típicas que suelen mantenerse en secreto son las adicciones en la familia, tener a un pariente en prisión o con algún padecimiento mental, tener un apellido común y poco rimbombante, y pertenecer a una clase socioeconómica baja.

Hablando sanas

Cuando hacemos secretos de nuestras heridas emocionales ante las cuales nos sentimos avergonzados, crecemos suspicaces y nos proyectamos. Hay un desgaste de energía en la persona que vive cuidando que no se enteren de su profunda vida. Las pláticas se vuelven banales, superficiales y plásticas, pues hablar de temas profundos es una invitación a revelar quién está detrás de la máscara del profesionista, del sacerdote, del político. Uno puede volverse prejuicioso y experto en opinar sobre la vida de otros; pero lo que ignoran es que son proyecciones de ellos mismos. Dice Carl Gustav Jung: “lo que niegas te somete, lo que aceptas te transforma”, dando a entender que aquellos aspectos que guardas en lo oscuro de tu mente van a esclavizarte.

La salud mental y emocional se logra, entonces, hablando. Ya lo dice el psicoanálisis, que es la “cura por el habla”. Ahora entiendo el por qué los católicos usan la confesión como estrategia para sanar sus heridas. En los grupos del estilo de 4to y 5to paso usan la estrategia de hablar a modo de confesión. Cada disciplina o agrupación tendrá sus estilos, pero lo que es claro es el poder de hablar, y mientras más expresemos a través de la palabra lo que somos, lo que queremos, lo que nos apasiona o lo que nos duele más vulnerable nos podemos sentir, pero es una ilusión derivada de la coraza que se está eliminando. La magia comienza, entonces, en el justo momento en que quitamos las corazas, como si de una armadura de metal se tratará, pues así como podemos sentir el aire en nuestra piel, así podemos, al fin, sentir el amor en nuestro corazón. Así comienza el proceso de amar. Es un error decir “amo a esta persona pero detesto a aquella otra”, eso no es amor. El amor no es selectivo. Cuando uno abre su corazón se funde con la energía vital del amor, nos volvemos amor y, de este modo, amamos todas las cosas, las circunstancias y las personas. Es un proceso fácil, pero aparentemente difícil porque implica soltar la zona de confort en la cual hemos vivido por mucho tiempo.

 

 

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